sábado, 17 de mayo de 2014

FUE UN SUEÑO

 
 
 
 
 
 
Fue un sueño o simplemente estoy aquí, y me he vuelto luz y polvo perenne, ya no hay más rosas rojas a lo largo del camino; más ni espinas en sus tallos, todas se han clavado en el centro del alma, y poco a poco la sangre a brotado gota a gota, y mi querer ha manchado el firmamento. Las nubes tornadas de color pastel, ya no están en mi cielo, y sin más que un inmenso mar con peces de cristal y algas de papel frente a mi; no he salido del sueño mágico de tenerte a mi lado y de entrar en un túnel sin salida y perderme en ti y tú en mi, pero de pronto, el sueño terminó, y ya sé que estoy aquí, y que por fin; ya no soy más luz y polvo perenne; sino, más bien; ese algo, que quedo entre las rosas y las espinas a la orilla del camino.

QUISIERA VOLAR



 
 
 
 
 
Quisiera volar como águila y perderme en la inmensidad del cielo y preguntar al viento, y caer en picada. Levantarme de nuevo y erguir el pecho contra el mundo; y luego ser, un árbol frondoso, que extiende sus ramas al sol poderoso, que reina en lo alto de los astros y que nos complace calidamente, con sus tibios y rubios rayos. Pero también quiero, ser un tímido venadito, luego ser un cisne y danzar a lo largo del bosque y juguetear con las flores, y quemar el alma en un sentimiento sin control, perder el juicio, cantar y hojear la vida como en un libro viejo y olvidado; y también ¿Por qué no? Girar en torno del vacío del universo, comer estrellas, beber agua de mar y servir a la vida, con el corazón de par en par.

QUIERO SER LIBRE SIN ATADURAS


 
 
 
 
 
 
 
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin cadenas que me detengan
sin prejuicios que me atosiguen.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin prisiones y rejas,
sin pensamientos hechos escombros.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin complejos que me empobrezcan
sin sociedad que me minimice.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin paredes ni techo, que me acorralen
sin política ni ideología falsa.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin hipocresía y falsedad
sin dolor ni llanto.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin pobreza en el espíritu
sin laberintos en el alma.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin espejos oscuros y callejones sin salida
sin creencias absurdas.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin gritos que me desgarran el alma;
sin moral falsa.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin armas que desangran al mundo,
sin muerte.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
sin zozobra y cobardía,
sin ver volar el tiempo.
 
Quiero ser libre sin ataduras,
para luchar por un mundo mejor,
para sentir el ímpetu de los pájaros al volar
sobre nuestras sienes; para sentir la lluvia fresca sobre
mis hombros, sin un paraguas que la detenga.
 
QUIERO SER LIBRE, SIN ATADURAS.

domingo, 4 de mayo de 2014

LA MANTA A CUADROS ROJA Y NEGRA


 
 
 
 
 
 
 
Apareció bajo la luna con una manta a cuadros roja y negra y un bolso gris terciado sobre el pecho, tenía la cara mojada de lágrimas escarchadas.

Cuando pude acercármele  ya se había ido y no quedaba de él, más que su manta, que guardé en el armario de una vieja casa que olía a ron y a dulce de coco de recuerdos. Pasé la noche vagando en espera de una estrella y sin embargo, ni un lucero hallé, antes del amanecer viaje sin rumbo al infinito, donde el ruido ensordecedor de la nada me cegó con su oscuridad. Al regresar, me encontré tendida en la hierba, medio desnuda y descalza, viendo un lago sin agua, donde los peces nadaban, eran pequeños, habían dorados, plateados y grises; hasta había uno morado y usaba sombrero de pumpá era genial.  Cerré los ojos mirando al cielo, al abrirlos de nuevo, oscureció y empezó a llover, no era lluvia, eran trozos de cielo que caían sobre mí, quise correr, pero quedé atrapada, en ellos conocí tantas cosas, me quise quedar; pero de pronto; todo desapareció y me encontraba en un bosque sembrado de árboles de cemento y cal; hormigas de latón; seguí caminando y observé mi cuerpo, estaba vestida, llevaba telas y ramajes sobre mi esqueleto; de pronto divisé a un hombre completamente desnudo, me miraba extrañado; yo me dirigí hacia él, al aproximármele un poco más, me dí cuenta que era el hombre de la manta a cuadros, lo toqué y desapareció, era puro espejismo, empecé a correr sin control, todo cambiaba súbitamente y violentamente, casi sin darme cuenta, caí por un desfiladero y vertiginosamente también desaparecí. Pero mi cuerpo seguía latiendo, era un viaje sin control, parpadie varias veces pero fue inútil, no había nada, sólo huellas verdes en un camino negro, al final mi cuerpo, empezó ha aparecer y pude verme; me encontré con el hombre de la manta a cuadros, la llevaba puesta, se subió a una mariposa y desapareció.

¿Dónde estoy? ¿Es un sueño?


LAS DULCES NOTAS DEL VIOLÍN








Las dulces notas del violín extasiaban a mi oído que desafiando, quería oír tus gemidos más profundos; se dejaban llevar mi cuerpo y mi mente por tu frágil línea, tus alas abrazaban toda mi existencia y por completo, me deje morir, de placer en ellas.

 
La noche estaba triste y quejumbrosa le dolían las estrellas, todo estaba muy solo.
 
Sobre mí posaste la vida inquieta y deseosa, querías amarme hasta el final de los días. Tus plumas habían tomado un color artificial y un perfume oceánico que invadía mi quietud.
 
Palpé a mi paso por tí, cada rincón incógnito para mí, estaba deseando a cada instante, instalarme en tu cuerpo, y perderme para siempre en un adiós confuso hacia tu interior.
 
La soledad me embargaba, estaba rodeada de una nada especial e increíble que vencía el miedo en una batalla de fieras y espadas.
 
A nuestro andar creí volar y surcar cielos desconocidos para mí. En un inmenso revoloteo nos paseamos por lo recóndito de nuestros seres y perdidos ya en la inconciencia, quedamos tendidos en la hierba y las dulces notas del violín extasiaban a mi oído.
 

jueves, 1 de mayo de 2014

El OLOR DE LA ROSA

 
 
 
 
 
 
 
El olor de la rosa, de espina, tenía el tallo; la flor, era frágil su línea y su color intenso, rosa salpicada de verdor.
 
El olor de la rosa, de espina, tenía el tallo; la flor. Era solitaria, en aquel lugar, era admirada por ojos de buen conocedor, pero pasaba desapercibida por la mirada de aquel mal observador; que de la rosa apreciaba el tallo, delgado y fino, dulcemente retocado por un millón de pequeñas espinas; más no se detenía a pensar que para estrechar hacia el pecho, una rosa, hay que clavarse las espinas. 

 
 

LA CIUDAD








La ciudad hoy parecía de juguete, los árboles tenían rígidas sus hojas y ramas, los pájaros habían dejado de trinar, el sol había desaparecido entre los hermosos rascacielos y tras la humilde montaña, para dar paso a un millón de estrellas blancas y de luz clara como el cristal.
 
Las calles arropadas en el silencio, dormían plácidamente bajo la luz neón de los faroles.
 
En las plazas y aceras el viento soplaba calmado y frío, silbando entre las esquinas, era factible encontrar a un vagabundo de la noche, enmarañado, harapiento con sus rodillas como cascabeles, sonando al juntarse de escalofrío; pronto el sueño los acogía, y dormían en el banquillo de la plaza o a la puerta de cualquier pensión.

Era hermoso todo esto, la soledad y un vacío que guarda el bullicio del día, las penas y alegrías.

La ciudad, en realidad, era hermosa; tenía todo, incluso ese aire de fantasía exótica; que luce al resplandor del alba, cuando la magia de la noche con su desfile; se despide hasta la próxima velada.

Ahora; el sol, con su magnífico resplandor, vitaliza cada parte de la ciudad, y calienta con sus tibios rayos, poco a poco las aceras y plazas; y llega sin prisa a cada hermoso ser, que espera un nuevo amanecer.



 

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