lunes, 16 de febrero de 2015

EL SUEÑO DEL POETA










La fina pluma del poeta, puede deleitar los gustos más exigentes, y conmover con palabras desconocidas, a la multitud que amontonada en la plaza se dejaba abrazar dulcemente, por el hilo musical que se desprendía con gracia de los labios del poeta que estaba declamando una Oda del amor, y luego una sencilla Lira; mágicas eran las palabras, sublime el contorno gracioso del mago de la rima y el verso. Tras las caras risueñas, se dejaba ver una apagada y sin sueños en los ojos; finos los labios entreabiertos, asomaban la dentadura más brillante y perfecta jamás vista, un cuello delgado y un talle esbelto, se asomaban los senos brevemente pronunciados, toda una maravilla humana, envuelta en un traje blanco vaporoso en la caída, ceñido a la cintura; finalmente hasta el ras del suelo arenoso. Ante tal descripción el poeta fijó la mirada como aquel que ve por primera vez el mar y se asusta por su inmensidad; y dando breves y profundos suspiros, continuó el acto en la Plaza Mayor.

Finalmente terminaba el poeta su recital, la multitud llena de sueños en el alma, se marchaba, la tarde había concluido tras millones de aplausos.

El poeta acompañado de intelectuales, bohemios de alcurnia y críticos se dirigió hacia la calle real donde se encontraba cómodamente hospedado, antes de subir al coche su mente turbada por la belleza de aquella diosa, le hicieron mirar de un lado a otro como quien busca con desesperación una fina piedra; una joya, en fin, pero el hallazgo que minutos antes sus ojos habían hecho, había desaparecido por completo; y su corazón empezaba a latir en un ritmo confuso.

Al llegar al hotel se dispuso a descansar, se acomodó sobre el lecho, cerrando sus ojos, intentando dormir, pero de inmediato la visión de aquella extraña pero hermosa dama, le turbaron de nuevo, sintiendo entonces un escalofrío recorrer todo su cuerpo; era ya cerca de la media noche cuando pudo dormir.

A la mañana siguiente los rayos del sol, se colaron por la rendija abierta de la ventana, y el poeta se incorporó algo aletargado aún sobre la cama, no podía creer haber logrado dormir, tras aquella nube de pensamientos que le llenaban el alma de un éxtasis confuso, pero también de un pesar incomprensible. Aquella dama desconocida había despertado en él, un sentimiento difícil de explicar. No era pasión, pero sentía con su solo recuerdo un intenso deseo de poseer toda aquella belleza y de tener un titubeo de aquellos labios firmes; tampoco era amor, pero a pesar de no conocerla, podría dedicarle una vida entera llena de poesía, de libros atestados de palabras dulces, darle una rosa y por qué no, decirle al oído un tierno” Te amo”.

Todas estas ideas cruzaron por la mente del poeta que todavía se encontraba en ropa de cama, con los pies descalzos, y el cabello alborotado; disponiéndose después de tanto pensarlo, a darse un baño y a vestirse adecuadamente para asistir a los actos de premiación a los más destacados poetas de la región; tomó su desayuno y en un instante, había tomado el rumbo de la calle continua a la real. Entretanto la hermosa dama sigilosamente logró entrar al dormitorio del poeta, dejando una nota perfumada en la que se leía: “Espérame esta noche después de la premiación en la entrada”, la nota estaba firmada bajo el seudónimo “La Dama de la Plaza”. La joven intuía que el poeta regresaría en busca de algunas cosas olvidadas y estaría a tiempo en el hotel. Ella también estaba desquiciada de amor, de versos y sobre todo de él, que al haber dejado unos instantes sus ojos posados en ella, habían encendido una llama imposible de apagar.

En efecto, el caballero regresó en busca de algunos papeles y se percató de la nota que había sobre estos, impregnada de un delicioso perfume con fragancia a jazmín, al leerla sintió de nuevo el escalofrío que le recorriera el cuerpo la noche anterior, y guardo con recelo la nota de la dama, que al igual que él deseaba el encuentro.

Todo sucedió como tenía que ser y al encontrarse en el hotel, el poeta dio como presente a la dama una rosa, y ella le entregó dichosa la llave de su alma. Gustosos subieron a la alcoba; sutilmente perfumada, había algunas rosas, la cama estaba tendida con sábanas blancas; bordados con arabescos dorados estaban los forros de las almohadas, las cortinas ligeramente abiertas dejaban entrar los destellos de un farol, hacía fresco, era alrededor de la media noche. La dama y el poeta se sentaron en el borde del lecho, se miraron fijamente a los ojos, sintieron un ligero arrebato de la consciencia, se daba comienzo al rito estremecedor del amor.

Ella fue descubriendo sus muslos blancos, colinas nevadas, se fue zafando sin prisa el vestido, quedando al descubierto su infinita belleza, luego de zafar toda prenda quedó tal Eva; él quedó boquiabierto, sus ojos no daban crédito ante aquella perfección que nacía ante él, y decidió hacer de aquella noche algo inolvidable, la dama acudió a su cuerpo y se recostaron en el lecho, quedando tendidos ahí hasta el día siguiente; al parecer ambos sentían hervir su sangre. A la mañana siguiente, el poeta despertó sobresaltado buscando entre sus brazos a la diosa, que había encontrado entre aquella multitud, pero la dama ya no estaba, se había marchado o tal vez nunca existió, puede haber sido el sueño de un poeta al sentir que poseía el mar, habiendo palpado una resaca de olas verdes en su cuerpo, percibiendo el cielo perfectamente delineado ante sus ojos; sintiendo su inmensidad que le aplastaba.

 

domingo, 7 de diciembre de 2014

PEQUEÑA LETRA VIVA: EL REGALO DE NAVIDAD


 
 
 
 
 
 
A lo lejos se escuchan las vocecitas de los niños entonando los villancicos. Hace frío afuera Tulia está emocionada, ya va a ser medianoche, y se siente una magia indescriptible en el ambiente. Los adultos conversan, ríen y los más pequeños esperan ansiosos la llegada de Santa.

El árbol lleno de adornos brilla con su lucecitas encendidas que titilan; bambalinas rojas, doradas; reflejan destellos hermosos. Al pie, algunos obsequios que ha traído la abuela ¿Qué serán? Los niños tratan de adivinar alzando las cajas y agitándolas también.

Desde la cocina, los olores se mezclan, infinitamente deliciosos; que exquisito festín. La Navidad sin duda, nos regala ese placer culposo al paladar.

Tulia, entre tanto, se aleja de los otros niños, luce un hermoso vestido a cuadros regalo de su madrina. Se acerca al pesebre y lo observa con detenimiento, que figuras tan bonitas y delicadas, piensa. Luego se aproxima al árbol y aprecia lo gigantesco que es, en la punta una linda estrella lo corona, y Tulia se deja fascinar por lo que ve.

Los niños corretean, juegan a las escondidas, comen galletitas, cantan, ríen, sueñan. Es la noche más especial del año; sin embargo, Tulia, recuerda con tristeza aquel niñito que ella y su madre han encontrado al salir de la pastelería, esta mañana; estaba mal vestido, aunque sus ojos brillaban. La madre de Tulia le ha comprado un biscocho; él les ha deseado Feliz Navidad. Tulia presiente, que el no será tan feliz esa noche; a diferencia de ella; que está junto a su familia, en su casa, llena de adornos y gente.

Al otro lado de la ciudad, está Joaquín, un niño muy especial. Él, vive con sus padres y cuatro hermanitos; Joaquín estudia y ayuda a sus padres en el mercado vendiendo frutas y hortalizas. Su sueño, ser médico cuando sea grande.

En su casa, sus hermanitos corretean de un lado a otro, no paran de gritar entusiasmados, pronto Santa llegará. Su madre cocina algo especial, pues es víspera de Navidad. Su padre ha encendido la radio, la música invade el hogar, y se escucha desde la calle, la algarabía de los vecinos al pasar.

Joaquín tiene una sorpresa especial, dinero ha guardado al trabajar ayudando a papá, ha comprado cuatro lindos juguetes que a sus hermanitos obsequiará.

El reloj de la sala, ha dado la hora, la medianoche ha llegado, y en el cielo, se hace una fiesta multicolor. Tulia ríe, canta, es feliz, el abrazo familiar los une a todos. El árbol se ha llenado de obsequios, los niños corren, ya es Navidad. Se abren los obsequios, todo es alegría. Tulia, ha recibido un libro, una pulsera, una muñeca; tiene un sin fin de regalos; pero de pronto, recuerda al niño y el brillo especial de sus ojos, y piensa seguro no recibirá tantos regalos esta Navidad.

Los ojos de Joaquín brillan, son dos estrellas relucientes, corre a su habitación, trae los obsequios para sus hermanos. Los pequeños se emocionan aún más, la Navidad ha llegado de verdad. El niño los abraza y sus padres también. Joaquín también recibe una sorpresa, el maletín de doctor, que siempre ha querido, es feliz; muy feliz.

La algarabía va decayendo en la ciudad, las luces en las casas se van apagando, el silencio y la quietud se apoderan de las calles. Los niños duermen abrazados a sus juguetes. Joaquín también duerme, esta noche ha recibido el mejor de los regalos, la alegría de sus hermanitos al recibir sus obsequios de Navidad, porque es en el dar que recibimos más.  

sábado, 18 de octubre de 2014

PACIENCIA

La paciencia remedio sagrado del mortal,
que no es otorgado por amar.

El amar que es otorgado por todo lo existente,
lo creado, no es pecado.

TE CONOCÍ









Te conocí sin saber, y te quise como ayer,
yo apenas una niña y tu un pequeño caballero.

En tus ojos oscuros la mirada bajabas al pasar, yo al verte caminar quería gritar;
y al viento preguntar, quién eras tú. Que mágicamente volvias aquel corazón de amanecer en anteayer.

Y llegó por fin el día que a conocerte llegué, fue en un lugar sagrado donde te conocí
sin saber yo que pasaría despúes. Tú me hablaste, yo te miré y entre suspiro y suspiro
la vida se nos fue.

Por aquel día en ti pensé y mi recuerdo llegó a verte en sueños despierta.

El tiempo fue pasando como almanaque volando, de tanto en tanto
el tiempo fue cantando.

Y ese tiempo fue pasando, ya de niña fui creciendo como maizal bien regado.

Y entre tanto la vida, fue pasando.

En una reja nos besamos y al silencio mudo dejamos. Cartas y rosas de recuerdo han quedado
y unas otras en cenizas se han enterrado. La vida lo quiso así, que se le va a hacer; roguemos al recuerdo, que no nos deje así.

Tu casi un hombre eres y aún de mi te acuerdas,
como ave en el camino, como potro en el corral,
que el paisaje admira con ira y desesperación,
 y yo aún sin poderte alcanzar estoy.

Viejo amor, yo no te voy a olvidar
como marinero a su puerto,
como el pintor a su lienzo.

El tiempo sigue pasando y en sueños aún te recuerdo...

Y ahora ya nos han separado imperdonable dolor,
pero si la vida nos ha de unir que sea pronto,
ya que la vida se va, sin poderla alcanzar.

Y el verso se ha terminado como lluvia en verano,
como flor de mayo.

Hasta luego amor de la niñez, que con locura salvaje,
no pudiste conservar.

martes, 9 de septiembre de 2014

VIDA








Cuando en la calle estamos
pensamos, admiramos
la vemos pasar
sin dejar huella al andar.

Vamos paso a paso
y en el camino miramos,
nos asombramos
que rápido vamos.

BOLA DE CRISTAL









Quisiera hoy atraparte en mi bola de cristal
y con mi vara mágica, hacerte volar
de un lado para otro,
y colocarte aquí junto a mí,
donde pueda verte llorar; si lloras
no te veré reír, pero si ríes, me harás muy feliz.

Porque solo a ti te quiero junto a mí,
en mi bola de cristal,
hacerte recordar lo mucho que te quiero
y que si a veces te odio,
no es por ti, es tan solo la lucha de mi alma
en contra del soplo del viento
que frustra nuestro encuentro.

miércoles, 20 de agosto de 2014

VIENTO


 
 
 
 
 
 
Viento que sopla al atardecer, sin florecer

Recuerda en mi amanecer, aquel renacer

Que con huellas desatinadas, hicieron desaparecer

Aquel vacío que no volvió,

Aquel lamento que se estrelló;

Entre lucero y potrero,

Entre destello y firmamento

Llenaron de llanto,

Aquel momento.

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