Bailemos juntos
danza conmigo y tan solo por un momento
olvidémonos del mundo.
Bailemos juntos
danza conmigo y tan solo por un momento
olvidémonos del mundo.
Me mata tu ausencia
me hiere tu silencio
añoro tu presencia
no quepo de impaciencia.
Me duele no verte
me inquieta no tenerte
amarte ciegamente
es lo que ansío locamente.
Me inquieta tu olvido me nubla el pensamiento
no existe un día, no pasa una hora,
me parece que fue ayer cuando nos dejamos de ver.
Me llena el haberte amado tanto
pero ya tan solo me queda recordarte, añorarte,
sabiéndote ausente, distante.
El sol está agonizando allá en el horizonte
la tarde muere embriagada de tantos colores
la quietud y el silencio definen el ocaso.
El atardecer entra en escena
el cielo se convierte en un lienzo perfecto
y se tiñe de matices de un esplendor indescriptible.
El crepúsculo muestra su incomparable belleza
breve, sutil, apacible, espléndido y brillante.
Pronto llega la oscuridad
ya no danzan los hermosos destellos tornasoles
y en su lugar aparecen las brillantes joyas de la noche.
Átame fuerte a tu alma
quiero volar contigo
y que nuestro viaje sea inigualable.
Atráeme hacia tí
con la fuerza de mil volcanes
con la furia de cien tempestades.
Ámame tiernamente
con la dulzura del néctar de las flores.
Acaríciame sin prisas
déjemos volar el tiempo
que sea nuestra brújula el deseo.
Abrázame haciéndo de tus brazos mi refugio,
de tú pecho mi defensa.
Quizás vayamos a reencontranos después, la verdad; no lo sé.
Despojados de nuestros cuerpos
de todo lo que solíamos ser.
Puede ser que en un tiempo remoto, nuevamente nos crucemos
allá dónde el mar y el cielo se juntan, siguiendo nuestros deseos
hágamos realidad el sueño.
Mientras tanto pasa el tiempo, tú: allá, yo: aquí
y pienso, en lo mucho, que te necesito sin decirlo
y en lo que, tal vez, tú me añores en silencio.
Estaba la cucarachita Josefina limpiando la entrada de su linda casita, y en el ir y venir de la escoba, brilló ante sus ojitos, un lindo y perfecto mediecito. Lo tomó entre sus manitas con cierto goce, pero con un poco de temor. Pues que dichosa podía hacerla en esa mañana la fortuna de haberle regalado semejante tesorito. Cuando tuvo el mediecito bien agarradito entre sus manos; lo miró bien y decidió guardarlo rápidamente en uno de los bolsillos de su lindo delantal.
Luego de un rato la alegría no le cabía en el pecho y tenía la urgente necesidad de decirlo y entonces pensó en contárselo a Misia Rata, quién se encontraba distraída entre sus frascos de tónicos y sus hojitas de albahaca. Entonces la cucarachita no se contuvo más y le contó a Misia Rata la razón de la emoción que la embargaba.
La Rata quedó boquiabierta y le aconsejó que se comprara un montón de cosas: un fino perfume, lindos vestidos o un anillo. La cucarachita pensó y pensó, pero no sabía qué hacer; sí guardar aquel hallazgo o gastarlo en exquisitas banalidades o bien en ricos y apetecibles postres, aquellos que por cierto le encantaban, unos terroncitos de azúcar y rica miel, estarían bien. Luego consideró comprar un lindo moño para adornar su cabello y una hermosa pulsera a juego color turquesa. Pensando y pensando, se le fue el tiempo volando.
La cucarachita era muy presumida como era de esperarse y se fue directo a los almacenes en el centro. Deleitándose con las bellezas que veía en cada vidriera, se compró un moño hermosísimo y un cinturón, quedándole algo aún para saciar un antojito: una rosquilla azucarada para finalizar aquella mañana.
-Entre risas y alborotos, se fue caminando para su casa. Se colocó el moño que había comprado para lucirlo mientras regresaba. Iba Josefina saludando a todos, el primero fue el Sr. Gallo que le salió al encuentro con un concierto de lo más bello; después Don Perro se ofreció para acompañarla a lo que ella sonrojada se negó un poco turbada. Pero al doblar la esquina, sintió que alguien la miraba, era el Ratoncito Pérez, tan guapo, tierno y gentil como siempre. -¿La acompaño bella dama? Preguntó el Ratón Pérez. a lo que ella asintió con la mirada. Caminaban juntos, todos los miraban y la cucarachita lucía enamorada; pero de pronto todo se volvió un caos, algo terrible había pasado, el Ratón Pérez se ha descuidado y un carro lo ha atropellado. –Ay, ay, grita la cucarachita. Los minutos que pasaron parecieron horas, pero asombrosamente el ratoncito se ha levantado, aunque algo adolorido y confundido.
La cucarachita Josefina presurosa se lo lleva para su casa. Allí le cura las heridas con inmenso amor y le da sopita con cucharón. Y colorín, colorado esta historia se las he contado como a mí me ha gustado.